jueves, 4 de abril de 2013

Cap 4

¿Y qué somos? Esa es la pregunta que todo el mundo se plantea en algún punto de su vida. La respuesta no se haya en un sentido literal y claro. Podríamos decir "somos humanos" o "somos personas", pero eso no son más que nombres, ideas para intentar dar sentido a nuestra existencia. En el sentido literal y lógico, estamos hechos de piel, carne, hueso, tendones, órganos, músculos... pero, eso no es lo que nos hace ser quienes somos. La piel no nos va a decir cómo amamos, ni cómo lloramos, ni qué música nos gusta. La piel simplemente cubre la esencia que hay en nosotros, que es lo que nos hace ser quienes somos. Tantos órganos sólo mantienen viva nuestra mente, cuando lo que realmente nos hace sentirnos vivos es amar. Tu corazón puede latir, pero si no amas, no te sientes vivo.
Y para amar, hay que ser amado. Hay que sentir que alguien se preocupa por nosotros, aunque no queramos y nos neguemos a que nos quieran. Nuestra esencia, la esencia de todos, es el amor. Siempre podemos cerrar los ojos y decir que nadie nos quiere, todos lo hemos hecho alguna vez. Pero, en el fondo, sabemos que siempre va a ver alguien por quién seguir. Alguien que te haga sentir que merece la pena ser quién eres.
Tan sólo hay que ver más allá de lo perceptible. Hay que hacer que la esencia, se convierta en nuestro modo de vida. Hay que dejar que tus órganos funcionen, pero que no te dicten cómo vivir. Tan solo es cuestión de saber ver el alma de una persona antes que el físico. Todos podemos amar, pero algunos todavía no han aprendido a hacerlo. Quizás por el dolor que conlleva o por miedo a sentir.

martes, 2 de abril de 2013

Cap 3

Tu mano se cansa, de repente para de escribir. Sueltas el lápiz y aprietas el puño con fuerza. A tu lado tienes a esa chica que tanto se metía contigo, detrás de ti están sentadas esas que siempre están criticando a la gente. El chico de la mesa de enfrente se gira de vez en cuando para copiar tu trabajo, y el de al lado de la ventana lleva mirándote mal toda la clase.
No puedes más, quieres explotar.
Te aprietas la muñeca con fuerza y te muerdes el labio. Es inútil, las lágrimas se te van acumulando cada vez más en los ojos y, finalmente, resbalan por tus mejillas. Agachas la cabeza y te cubres con la mano, intentando esconder tu rostro para que nadie te vea. La chica de al lado te mira con cara de extrañada, cada vez más intimidante. Te sientes agobiada y notas como te falta el aire entre lágrimas y un calor que se hace cada vez más intenso. De fondo se oye el inglés acentuado del profesor explicando ecuaciones. No lo soportas. Te levantas de la silla y sales corriendo de la clase, dejando atrás a una clase de alumnos que cotillean y discuten sobre lo que te ha podido ocurrir.
Estás en el baño, frente al espejo. Te miras y te odias, como de costumbre. Tienes la cara más pálida de lo normal y las ojeras muy marcadas. Los ojos rojos y sin brillo alguno, parece como si de verdad tu corazón no latiese. No quieres seguir así, no quieres mirarte al espejo ni quieres volver a clase porque sabes que todos te estarán agobiando con preguntas y miradas acuchilladoras. Decides encerrarte en un baño y quedarte ahí, y con suerte, quedarte para siempre.
Se te viene todo encima y vuelves a romper a llorar. Sientes una fuerte presión en el pecho, te falta el oxígeno y vuelve a atacarte otra vez esa ansiedad incontrolable. Sin saber qué hacer, encoges las piernas y aprietas con fuerza, deseando que todo pase de una vez y que dejes de pensar en el dolor que sientes.
Quise saltar al vacío desde el punto más alto al que pudiese llegar.
Quise sentir que este dolor me elevaba, como volar sin alas sobre un cielo ahora gris. Como sentir el frío en la cara; libertad en el oxígeno. Quise sentir que el mundo se me quedaba pequeño entre las manos y que ya nada me importaba, que ya en el olvido era feliz.
Desperté en la madrugada con la garganta atada y el sudor frío en la frente. Mi corazón latía como si de un suspiro fuese a saltar de la boca. Aún sentía ese hormigueo en el estómago, que me decía que soñar era como vivir.
Por un instante, me olvidé del vértigo y de todo lo demás. Salté sin importarme la caída, sin sentir, sin vida. Volé soñando y con el pecho encogido, las respiración cortada y las venas respirando. Volé, sin alas, pero volé.

Me encaminé al instituto. La vecina seguía dando su rutinal discurso a su marido de porqué no podía llegar a esas horas, la calle estaba desierta y el cielo parecía una enorme masa gris...

lunes, 1 de abril de 2013

Cap 2

Hace tiempo mi mejor amiga murió, y la persona a la que yo amaba se mudó, y yo no pude hacer nada por evitarlo, ni siquiera le dije cuanto la amaba a esa persona.
"A veces la distancia nos impide estar cerca de la persona a la que amamos. La distancia mata, duele, se alimenta de tu soledad y la hace aún más insoportable de lo que ya es. No puedes luchar contra la distancia, por mucho que te digan, es imposible sentir calor a mil kilómetros de distancia. Te hace sentir estúpida en cierto modo, es absurdo amar a alguien a tantos kilómetros... Pero el corazón no razona, no entiende que es imposible sentirse entero cuando te falta una parte de ti.
Sé que duele, sé que cuesta, pero no llores. No llores por alguien incapaz de ver tu sufrimiento. No llores por alguien que no te va a secar las lágrimas ni te va a querer como alguien que de verdad te aprecie y te dé abrazos cuando más lo necesitas. No desperdicies emociones tan valiosas en alguien incapaz de sanar tus heridas. Recupérate de él, de todo lo que se ha llevado, y vuelve a sonreír como si no te faltase nada.
Olvídate de a quién amas y empieza a quererte a ti misma".

Aún recuerdo que esas fueron las últimas palabras de mi mejor amiga Kasumi. La echo de menos, no sé porqué. Ella ya seguro que no se acuerda de mí, aunque yo sí de ella. Echo de menos esas risas inocentes que se nos dibujaban en la cara cuando jugábamos juntas. Echo de menos nuestras peleas tontas. La echo de menos.
-¡Aura, deja de intentar llamar la atención!- Me gritaban en el instituto.
A partir de hoy, crearé una novela, basándose en mi vida. Puede tener un final muy cercano, o quizás no. Quizás sea una de esas historias sin final. Una historia, con un final feliz. Aún no sé como llamar a mi novela. No le pondré ningún título. Está mejor así. 

Cap 1

Hay una chica nueva en mi colegio.
Es tímida, pero tiene una introversión que me llama muchísimo la atención... Siempre va abrazada a una carpeta y agacha la cabeza cuando va andando por los pasillos. Aveces se cruza con alguno de su clase y le dedica una tímida sonrisa, pero en seguida vuelve a su característico gesto de mirarse los pies cuando camina. Yo me quedo mirándola cuando se sienta a la entrada del colegio, esperando a que alguien la venga a buscar (que suele ser bastante tarde) y me pierdo en su figura. La miro sentada, con su pelo castaño y largo, sus ojos oscuros y sus labios perfectos. Otras veces la veo a la hora de comer, sentada, con ese gesto tan distraído, tan sutil a cada movimiento. Y otras la observo acercándose en mi dirección por el pasillo, me cruzo con ella e incluso aveces le sonrío nítidamente sin saber muy bien qué hacer. Siento un escalofrío en el momento que le enseño mi mejor sonrisa, disimulando las ganas que tengo de que algún día levante la cabeza y me mire directamente a los ojos.
Tiene algo... Algo que no sabría decirte que me hace perderme e intentar averiguar en qué estará pensando. Tal vez sea su gesto frío e introvertido hacia el resto del mundo, o tal vez sea mi vergüenza al verme incapaz de mediar palabra con ella. No puedo ni estar frente a ella sin sentirme inferior, pequeña por así decirlo, porque me hace ser minúscula al verla a ella como un mundo a parte; una oscuridad que jamás seré capaz de explorar por culpa de esta inseguridad que me controla.
No estoy bien, para nada. No se lo he dicho a nadie ni pienso decirlo, pero necesito expresarlo. 
En clase se ríen de mí, sé que lo hacen. Hacen bromas estúpidas a mis espaldas y me critican. Me acabarán fallando y en el momento en el que a los que poco aprecio les tengo desaparezcan, me quedaré completamente sola, volveré a ser la completa marginada. No quiero eso, pero soy incapaz. ¿Qué voy a hacer si no tengo a nadie? La música no es capaz y para que no lo sea ya puedo estar mal. 
Se ríen de mí, una y otra vez, y no puedo decir nada porque ni siquiera lo hace directamente. Si pregunto, se reirán más, si no lo hago, se reirán de mi ignorancia. Estoy llorando por esto y me siento débil. No sé como todavía no he cogido algo y me he hecho daño. Me siento fatal e intento tirar hacia delante, pero me fallan las fuerzas. 
Matadme, por favor.
Me llamo Aura, tengo 15 años y vivo en Oregón. Me gusta escribir lo que siento y no puedo gritar. Pero bueno, ya iréis conociendo más sobre mí a medida que pase el tiempo...